● Un viaje que debería tomar horas se estira, rompe camiones y encarece cada carga: el deterioro de rutas nacionales y provinciales se volvió un costo visible en peajes, combustible y tiempos muertos, con pérdidas que el sector productivo y logístico describe como millonarias y crecientes en todo el país.

● El problema combina tramos con baches, banquinas degradadas y señalización deficiente con obras paralizadas o sin mantenimiento sostenido, lo que obliga a reducir velocidad, desviar recorridos y asumir reparaciones frecuentes; en cada traslado, la ineficiencia se traduce en más gastos y menor capacidad de cumplir plazos.

● El impacto no queda en el transporte: productores agropecuarios, industrias y exportadores enfrentan sobrecostos para llevar mercadería a centros de consumo y puertos, con pérdidas por demoras y, en algunos casos, daños en la carga; esa cadena termina trasladándose a precios y competitividad.

● Cámaras del sector advierten que hay empresas trabajando con márgenes mínimos, con unidades fuera de servicio por roturas y costos financieros crecientes; describen un escenario de riesgo operativo donde algunas firmas, sobre todo pymes, evalúan reducir actividad o postergar inversiones.

● A la par, el esquema de concesiones viales atraviesa vencimientos y renegociaciones que frenan nuevas inversiones, mientras el Estado no cubre completamente el mantenimiento requerido; el resultado es una red con atraso acumulado y sin un flujo estable de financiamiento para mejoras.

● Desde el Ministerio de Economía, el titular de la cartera reconoció limitaciones fiscales para encarar obras de gran escala en el corto plazo y mencionó la evaluación de alternativas como nuevos esquemas de concesión o participación privada, aún sin un cronograma de ejecución amplio.

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