● En París, el impacto de la ola de calor ya se ve en una escena crítica: las dos principales instalaciones funerarias dentro de la capital quedaron completas y parte de los cuerpos debieron ser derivados a suburbios y otras regiones. El calor extremo además acelera la descomposición, lo que obliga a reducir tiempos de conservación y entierro.

● La presión también golpea de lleno al sistema sanitario. Médicos de hospitales parisinos advirtieron que en algunos centros los fallecimientos diarios pasaron de un promedio de siete a cerca de 20, mientras las guardias trabajan con una demanda 36% superior a la habitual por cuadros de deshidratación, golpes de calor y complicaciones respiratorias.

● La ministra de Salud, Stéphanie Rist, reconoció por ahora unas 1.000 muertes adicionales vinculadas a la canícula, aunque aclaró que la cifra final podría ser mayor cuando se completen todos los certificados de defunción. Según las autoridades, el impacto más severo se concentra en adultos mayores y personas con enfermedades previas.

● El antecedente de 2003 volvió a encender todas las alarmas en Francia. Aquel año, una ola de calor dejó cerca de 15.000 muertos. Ahora, con pronósticos de hasta 45 grados para los próximos días, volvió el debate por la falta de aire acondicionado en hospitales, geriátricos, escuelas y guarderías, en un país históricamente menos preparado para calor extremo.

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