La historia se cuenta sola. En el país donde el presidente grita “Viva la libertad!”, un juez prohibió que los medios difundan los audios de Karina Milei. Sí, la hermana todopoderosa, la que define listas y acomoda cargos, logró que la Justicia tape grabaciones donde se la escucha hablando de Martín Menem.
El magistrado que firmó la censura no es precisamente un ejemplo: tiene ocho denuncias, cinco por acoso sexual. Y es él quien decidió que vos, yo y cualquiera en Argentina no podamos escuchar audios que ya circulan libres en medios uruguayos. El resultado: como en tiempos de la dictadura, los argentinos otra vez tienen que mirar a medios de otro país para enterarse de lo que pasa en su propia casa.
Lo insólito es que la jugada del Gobierno refuerza la sospecha. Si los audios son falsos, ¿por qué la desesperación por callarlos? Si son inocuos, ¿qué problema habría en difundirlos? Y si son reales y comprometen a la hermana presidencial, la prohibición no borra lo que ya anda en miles de celulares. Es como querer tapar el sol con un dedo.
Mientras tanto, en paralelo, el mismo Gobierno que dice defender el mercado libre anunció que desde hoy intervendrá de manera directa el precio del dólar. Y en Buenos Aires, un candidato opositor fue impedido de repartir volantes en una estación de tren. Libertad para unos pocos, mordaza para el resto. Rara libertad la que se vive: la de callar lo incómodo y castigar al que se anima a mostrarlo.
La paradoja es brutal: un gobierno que se dice libertario aplica censura previa, apaña jueces cuestionados y esconde audios que lo comprometen. Mientras la gente estira billetes para llegar a fin de mes, los que gritan “libertad!” usan la motosierra para cortar voces y borrar pruebas. No es libertad: es mordaza con bandera celeste y blanca. Un engaño masivo con caretas que ya tienen las horas contadas. El pueblo argentino está a un paso de conocer la verdad.
📲 Sumate ya al canal de WhatsApp de Diario Chilecito









