El libreto era otro. Milei gritaba “la casta roba” y la gente aplaudía. Ahora, los audios suenan y el eco dice lo contrario: ¿quién está robando?
Abogados que denuncian se suben al ring y avisan: Spagnuolo no era un extra, era parte del elenco estable. Cada paso judicial, dicen, golpea más cerca del sillón de Rivadavia.
Lule Menem se ofende. Grita “operación kirchnerista”. Martín lo repite como loro en televisión y pone las manos en el fuego por su primo. Karina reaparece en campaña y pide que “no nos roben más”. ¿Ironía o chiste de mal gusto?
Ellos gritan conspiración, pero los que pagan son los de siempre: jubilados que no llegan a fin de mes y pymes que se funden pagando todo. En el Garrahan faltan remedios y en los hogares falta plata. Esa es la única verdad que duele.
En el Congreso, la oposición huele sangre. Interpelaciones, comisiones, pedidos de informes. El show libertario se enfrenta a su propia pantalla: la de rendir cuentas.
Y Milei, el león, ya no ruge. Calla tanto que ya parece un gatito con sueño. ¿Será estrategia o miedo a que el próximo material que aparezca sea un video que muestre a su hermana con las manos en la masa?
Al final, la “burda operación política” puede ser el reflejo más claro: no hace falta enemigo externo cuando la interna huele a podrido.
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