● Martín Menem eligió un único camino: repetir siete veces que “pone las manos en el fuego” por Karina y Lule y culpar al kirchnerismo. La defensa, repetitiva y cerrada, se dio mientras afuera crecía el ruido de los audios y adentro la Justicia acumulaba pruebas incómodas.
● “El contenido de los audios es absolutamente falso”, aseguró. Pero mientras Menem insistía, los investigadores habían encontrado en la casa de uno de los mencionados 266.000 dólares en sobres con anotaciones. En la del otro, hoy prófugo, encontraron la caja fuerte vacía y elásticos tirados en el suelo. Escenas difíciles de explicar.
● El contraste se vuelve más fuerte: Spagnuolo visitó Olivos 41 veces y la Casa Rosada 48, más que Karina o Caputo. Menem dijo que iban a “escuchar música clásica”. La imagen que queda es la de un funcionario que entraba y salía de la quinta como parte de la familia.
● Y mientras tanto, el Garrahan sigue sin insumos, jubilados que no reciben medicamentos y una política que se atrinchera en frases quemadas. La pregunta final queda en el aire: ¿cuántas manos al fuego hacen falta para apagar un incendio cuando ya hay dólares sobre la mesa y un prófugo en fuga?
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