● La carne vacuna se convirtió en el gran dolor de cabeza para las familias argentinas durante el cierre de 2025. Mientras el ritmo de precios general parece calmarse, los cortes que más nos gustan subieron el doble que el resto de los productos básicos. En diciembre, justo cuando todos queremos festejar, el asado y el vacío pegaron un salto que dejó a muchos mirando la góndola sin poder creer los nuevos valores.
● La situación se explica por una mezcla de factores que terminan castigando al consumidor final. Hubo menos vacas disponibles para el mercado interno y los precios que se pagan afuera empujaron hacia arriba el valor local. Además, en las carnicerías de barrio el golpe fue más duro que en las grandes cadenas, haciendo que comprar un kilo de nalga o paleta requiera hoy una ingeniería financiera que antes no existía.
● Desde el sector aseguran que la presión del precio del ganado en pie es imposible de no trasladar al mostrador. «No es que queramos cobrar esto, es que a nosotros nos llega cada vez más caro», dicen los carniceros mientras ven cómo la gente cambia el peceto por cortes más económicos o directamente reduce las compras. La diferencia entre lo que subió la vida y lo que subió la carne es la más alta en mucho tiempo.
● El panorama para los próximos meses es de pura incertidumbre para el bolsillo. Con un asado que roza los veinte mil pesos, el clásico ritual del domingo está en jaque para la clase media y los sectores populares. Si la tendencia sigue así, el consumo de carne seguirá bajando y el plato principal en la mesa de los argentinos tendrá que seguir buscando reemplazos más baratos para poder llegar a fin de mes.
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