● La deuda dejó a cientos de trabajadores salteños frente a una salida extrema: pedir su propia quiebra. Entre enero y mayo de 2026 se iniciaron 207 expedientes en la provincia y el dato más fuerte es que el 98% corresponde a personas físicas, no a empresas.

● La mayoría de los casos involucra a empleados con ingresos formales que quedaron atrapados entre tarjetas de crédito, préstamos personales y refinanciaciones. Según la información judicial difundida, muchos expedientes muestran deudas tomadas para cubrir gastos cotidianos y no grandes inversiones comerciales.

● El mecanismo se repite: una tarjeta usada para llegar a fin de mes, un préstamo para cancelar el saldo, una nueva deuda para cubrir la anterior y descuentos que empiezan a comerse buena parte del sueldo. En ese punto, la quiebra aparece como una herramienta judicial para frenar la presión de los acreedores.

● El fenómeno golpea especialmente a trabajadores en relación de dependencia, incluidos empleados públicos y privados. El dato cambia el foco del problema: no se trata solo de personas sin empleo, sino de familias con ingresos que igual no logran sostener el costo de vida, las cuotas y los intereses acumulados.

● Con la quiebra declarada, los acreedores deben presentarse en el expediente y se ordena el tratamiento judicial de las deudas. Para quienes llegan a esa instancia, el objetivo inmediato no es empezar de cero sin consecuencias, sino recuperar margen de subsistencia frente a descuentos y compromisos impagables.

● El avance de estos expedientes en Salta funciona como una señal de alerta para otras provincias del interior. La caída del poder de compra, el uso del crédito para alimentos, medicamentos o servicios, y la morosidad creciente muestran una economía doméstica cada vez más ajustada.

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