El fútbol de veteranos en Chilecito vivió hace tres años un episodio que marcó un límite: un jugador fracturó la nariz de otro con un golpe fuera de la acción de juego. Esa agresión, que derivó en meses de recuperación y una larga espera judicial, obtuvo esta semana sentencia. La Cámara Primera en lo Civil, Comercial, de Minas, Criminal y Correccional condenó al responsable a dos años de prisión de cumplimiento condicional, con normas de conducta y la prohibición de jugar en ligas de veteranos durante el mismo período.
El caso tuvo gran repercusión en su momento porque mostró con crudeza cómo una acción violenta, completamente ajena al juego, puede poner en riesgo la salud de un deportista amateur y alterar el sentido mismo de la competencia. La víctima debió ser intervenida quirúrgicamente y atravesar un prolongado proceso de recuperación, mientras que el tribunal deportivo de entonces apenas impuso una sanción menor al agresor. El paso del tiempo y la sentencia judicial de esta semana evidencian que la violencia nunca puede minimizarse ni tratarse como un simple exceso de cancha.
La resolución judicial no solo reparó en parte el daño de la víctima, sino que recordó un principio básico: lo que ocurre en una cancha no queda al margen de la ley. La violencia física no puede naturalizarse bajo la excusa del juego, y las sanciones disciplinarias deben complementarse con decisiones judiciales que protejan la integridad de quienes participan.
Los acontecimientos de los últimos días reavivan la urgencia de este debate. El sábado, un árbitro fue agredido en la ciudad deportiva tras expulsar a un jugador de veteranos. Cayó inconsciente por un golpe de puño y recibió patadas en el suelo. Veinticuatro horas después, en un partido de quinta división, un futbolista quedó inconsciente tras una patada en la cabeza que obligó a su traslado al hospital. Ambos casos están bajo investigación judicial y generaron preocupación por la ausencia de seguridad adecuada en los encuentros.
En este contexto, los jugadores de la categoría Super Maxi Veteranos (+50) expresaron su solidaridad con el árbitro Rolando Castro, víctima del ataque. A través de un pronunciamiento interno, manifestaron su repudio a los hechos de violencia y remarcaron la necesidad de preservar el respeto hacia quienes cumplen la función arbitral. También coincidieron en que el deporte debe ser un espacio de encuentro y no de agresiones, y pidieron sanciones ejemplares para evitar nuevas situaciones de este tipo.
El mensaje es claro: el fútbol local necesita medidas firmes y coherentes. La justicia ya marcó que la cancha no es un espacio de excepción. Ahora, corresponde que ligas, dirigentes y clubes asuman la responsabilidad de garantizar que este deporte siga siendo un espacio de respeto y encuentro, no de agresiones que ponen en riesgo la vida de jugadores y árbitros.
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