● Un horno que normalmente se detiene unas semanas permanecerá apagado hasta noviembre. La decisión de Loma Negra, la principal cementera del país, expuso de golpe un problema más amplio: el mercado no está absorbiendo el cemento al ritmo esperado y la empresa decidió bajar producción frente a un escenario de menor actividad.
● La medida afecta a la planta L’Amalí, en Olavarría, donde la compañía resolvió detener uno de sus hornos durante casi seis meses. Según trascendió, el segundo horno también permanecería parado entre mayo y junio, con previsión de retomar actividad en julio, mientras la firma reorganiza sus niveles de producción.
● El dato que explica buena parte de la decisión está en el stock acumulado: Loma Negra tendría más de 700.000 toneladas de clínker (el material base para fabricar cemento) almacenadas fuera de los silos. Ese volumen le permitiría seguir produciendo sin necesidad de mantener todos los hornos encendidos.
● El escenario también se cruza con el aumento de costos energéticos. Los hornos cementeros demandan un consumo intensivo de gas y el invierno encarece el abastecimiento, especialmente por el impacto del gas natural licuado importado, en un contexto donde la demanda de materiales sigue sin recuperarse completamente.
● Aunque el anuncio generó impacto, la empresa no dejará de producir cemento. La decisión implica un ajuste industrial y no un cierre de operaciones. La producción continuará apoyada en el stock ya acumulado mientras el sector de la construcción sigue mostrando señales de desaceleración.
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