En Argentina la política ya parece un thriller: la Justicia abrió el celular de Diego Spagnuolo y el fiscal Franco Picardi tiene la copia forense completa. Entre los hallazgos, aparecen mensajes eliminados y diálogos que se desvanecieron con Javier y Karina Milei. Pero lo verdaderamente insólito es que el funcionario que visitó al presidente más de 90 veces entre Casa Rosada y Olivos no registra un solo chat con él, como si la política se resolviera en susurros, sin dejar huella en la era del WhatsApp. Lo que parecía un simple aparato ahora se volvió caja negra de un Gobierno que predicaba transparencia pero esconde conversaciones como si fueran armas.
Roza la parodia: la Justicia abre el celular de Spagnuolo para unir piezas y, mientras tanto, en el Gobierno eligen hacerse los distraídos o esconderse detrás de comunicados. Los supuestos chats con Lule Menem y los Kovalivker aparecen y desaparecen como si fueran leyendas urbanas, justo cuando el discurso libertario juraba pureza absoluta. Y al final, el teléfono, ese aparato que no sabe de ideologías, va a terminar diciendo más que todos los voceros oficiales juntos.
Y como si hiciera falta más surrealismo, Milei decidió subir a sus historias de Instagram un comunicado de la droguería Suizo Argentina, donde la empresa jura que “desarrolla actividades de forma transparente”. Una compañía defendiendo su nombre de la mano del presidente y sus redes sociales. Mientras tanto, en la Casa Rosada los celulares laten como bombas de tiempo. Mucho más, cuando uno de los dueños de esa misma empresa fue capturado mientras escapaba con fajos de dólares en sobres rotulados, y el otro estuvo prófugo cuatro días.
La causa recién empieza, y ya hay cinco celulares en custodia. El objetivo de los fiscales es simple: ver si las frases explosivas de Spagnuolo coinciden con los chats ocultos o si hay un entramado mayor. Nadie puede asegurar qué se encontrará, pero lo cierto es que cuando los datos faltan, la imaginación sobra. Y en política, lo que no se explica rápido se convierte en verdad popular.
El gobierno liberal libertario quiso ser disruptivo, pero terminó usando el «botón borrar» como estrategia de gobierno. Solo que ahora la Justicia tiene copia de todo. ¿Qué pasará cuando el celular hable más que los ministros? Quizás entonces descubramos que el verdadero reality argentino no está en Netflix ni en la tele, sino en el WhatsApp de la hermana presidencial.
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