● En Wall Street ya no alcanza con el diagnóstico correcto o la baja de la inflación; ahora la urgencia se centra en la velocidad de ejecución. Los grandes inversores consideran que el gobierno está subestimando el factor tiempo, y que ser «lento» en un país con vencimientos de deuda tan apretados puede ser tan peligroso como errar el camino.

● La sensación que domina en Nueva York es que la dirección elegida por Milei es la correcta, pero que el ritmo actual es insuficiente para la magnitud de la crisis heredada. Mientras el gobierno celebra cada punto que baja la inflación, los mercados miran con lupa la montaña de pagos que se vienen y la capacidad real del Estado para generar dólares genuinos. Para los analistas, la macroeconomía argentina tiene una herencia de deudas tan concentrada que el país no puede permitirse el lujo de una transición pausada o «a media máquina».

● Advierten que el éxito del plan libertario depende de una «remonetización» y de una reactivación del consumo que todavía parece lejana para el bolsillo de la gente. Wall Street exige que el gobierno se haga cargo de esta urgencia operativa: no basta con tener convicción, se necesita mostrar resultados rápidos en la acumulación de reservas y en la estabilidad cambiaria para que el riesgo país caiga de verdad. Sin esa velocidad, el respaldo financiero internacional podría empezar a flaquear justo cuando más se lo necesita.

● Lo que toca de cerca a la gente es que esta presión de los mercados podría forzar al gobierno a tomar decisiones todavía más rápidas en el área económica. Si el pedido de «acelerar» se traduce en nuevas reformas o ajustes para contentar a los inversores, el impacto se sentirá directo en el consumo diario y en el valor del dólar. El desafío de Milei para lo que queda del 2026 será demostrar que puede domar la inflación y, al mismo tiempo, cumplir con las exigencias de velocidad que le imponen desde el corazón financiero del mundo.

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