● La escena se repite en distintas ciudades: menos mesas ocupadas, menor rotación y persianas que bajan. Según un informe difundido por Ámbito, el consumo de cerveza registró una caída cercana al 35%, con impacto directo en bares y cervecerías que dependen del movimiento diario para sostener sus ingresos.
● La retracción se vincula a un cambio en el comportamiento del consumidor. La reducción del poder adquisitivo llevó a recortar gastos asociados al ocio, como salidas gastronómicas o encuentros en bares, lo que afecta especialmente a negocios con ticket promedio medio y alta dependencia del consumo presencial.
● Al mismo tiempo, los costos operativos continúan en alza. Insumos como lúpulo, cebada, envases y energía registran aumentos sostenidos, a los que se suman alquileres y logística. En muchos casos, los establecimientos no logran trasladar esos incrementos a precios sin perder aún más clientes.
● Este desbalance entre ingresos en baja y costos en suba genera una presión directa sobre la rentabilidad. El sector cervecero, especialmente el artesanal, enfrenta dificultades para sostener márgenes operativos y cubrir gastos fijos, lo que deriva en cierres de locales en distintos puntos del país.
● El fenómeno no se limita a casos aislados. La caída en el consumo de cerveza funciona como un indicador más amplio del retroceso en el consumo urbano, particularmente en rubros vinculados al esparcimiento y la gastronomía, donde el ajuste del gasto se vuelve más visible.
● En este contexto, el sector atraviesa una etapa de retracción, con menor actividad, reducción de oferta y reconfiguración del mercado. La situación actual muestra un escenario donde sostener un local abierto se vuelve cada vez más difícil frente a la combinación de menor demanda y mayores costos.
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