El ministro Caputo se paró frente a un micrófono y prometió “vender hasta el último dólar” para frenar la suba del billete estadounidense. Sonó como ese vecino que jura rifar hasta el auto para seguir financiándose la timba en el casino. La diferencia es que acá no se trata de un garaje vacío, sino de las reservas del país, la caja que sostiene importaciones, deuda y la comida de millones.
En un solo día el Banco Central quemó 379 millones de dólares para que la moneda verde no se dispare. Lo mismo que usa la Universidad de Buenos Aires para enseñarle a 350.000 estudiantes en todo un año. Plata que se esfumó en solo 24 horas, como si fueran fichas en un casino. Y Caputo, con tono de seguridad impostada, insistió: “El programa se diseñó así”. ¡Canchero! En vez de dar calma, dejó flotando la idea de que están dispuestos a vaciar la caja con tal de salvar una promesa electoral que ya no creen ni los buitres del mercado que los ayudaron a llegar al sillón de Rivadavia.
Mientras tanto, el mismo gobierno que recorta en jubilados y ajusta hospitales, saca la alfombra roja para que entren dólares de quienes trabajan para afuera. Eliminaron el límite anual de 36 mil dólares a exportadores de servicios y levantaron comisiones bancarias para familiares que mandan plata. Desesperados, buscan billetes en los bolsillos de freelancers y remesas familiares. El Central huele a olla vacía y ya le empezó a raspar el fondo.
Los economistas avisan lo obvio: si se gastan todas las reservas, no quedará ni escudo contra otra corrida, ni respaldo para contener la inflación. Y la gestión recién va por la mitad. Ahí es donde el discurso se cae: en campaña Milei le vendió a Fantino que tenía los dólares asegurados para dolarizar. La gente creyó que iba a cobrar en dólares. Hoy, el dólar corre y detrás van la leche, la carne y la nafta… Como siempre, el costo lo pagan las familias argentinas que ya no dan más.
La crudeza es clara: Con las medidas anunciadas de que van a vender hasta el último dólar para defender la banda cambiaria, en realidad pareciera que quieren defender la banda… de tránsfugas que conforman este gobierno. Y si un gobierno juega a vaciar la caja mientras promete orden, lo que queda no es estabilidad: es un fraude al pueblo que confió. Hoy ya no se trata de si este experimento termina mal. Se trata de cuántos se van a hundir con él.
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