● Aunque los indicadores mostraron una baja en la pobreza y la indigencia, el informe más reciente del INDEC revela un dato que cambia la lectura: las familias que siguen en esas condiciones enfrentan hoy viviendas más precarias, menor acceso a servicios básicos y un entorno más desfavorable, lo que agrava su vida cotidiana más allá del ingreso mensual.
● El relevamiento del segundo semestre de 2025 abarca a unos 30 millones de personas en 31 aglomerados urbanos y registra alrededor de 8,5 millones de pobres y 1,8 millones de indigentes, cifras que reflejan una mejora respecto a períodos anteriores en términos de cantidad, pero no en la calidad de vida dentro de ese universo.
● En los hogares más vulnerables se detectó una caída en la calidad de los materiales de vivienda y un aumento de situaciones de hacinamiento, junto con menor acceso a servicios como agua de red, gas y cloacas, además de una reducción en la proporción de familias que cuentan con estos servicios de manera combinada.
● El informe también señala una menor cobertura médica en comparación con años previos, con más personas dependiendo exclusivamente del sistema público de salud, lo que incrementa la exposición ante problemas sanitarios y limita el acceso a prestaciones en tiempo y forma.
● A esto se suma un cambio en el entorno donde viven muchas de estas familias: creció la proporción de hogares ubicados en zonas inundables o cercanas a basurales, lo que introduce riesgos adicionales y consolida un escenario donde la pobreza no solo implica falta de ingresos, sino múltiples privaciones simultáneas.
● El dato consolida una tendencia clara: mientras algunos hogares lograron salir de la pobreza por ingresos, quienes permanecen dentro de ese grupo lo hacen en condiciones más deterioradas, con menos recursos estructurales y mayores dificultades para sostener una vida diaria estable.
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