● “¿No es esto igual que las tecnologías del pasado?”. Bill Gates utilizó esa pregunta para explicar cómo, a su entender, Donald Trump y buena parte de la sociedad están mirando el avance de la inteligencia artificial. Sostuvo que todavía no se comprende plenamente la velocidad de la transformación.

● La declaración llegó después de que Trump calificara como exageradas las advertencias sobre daños graves provocados por la IA y defendiera una regulación ligera. Gates evitó presentar al presidente estadounidense como un caso aislado: dijo que está “en la misma situación que todos los demás” cuando inicialmente se compara esta tecnología con revoluciones anteriores.

● Gates también planteó que Trump podría desempeñar un papel internacional frente al problema. Señaló que la inteligencia artificial representa una oportunidad para reunir a distintos países alrededor de riesgos compartidos. Días antes había advertido que los gobiernos del mundo están “muy atrasados” frente al desarrollo tecnológico y reclamó una respuesta coordinada.

● Entre las preocupaciones que Gates viene señalando aparecen la sustitución de puestos de trabajo, los ciberataques, el posible uso de sistemas avanzados para actividades biológicas peligrosas y la dependencia de compañeros virtuales. También advirtió que la IA podría asumir rápidamente tareas en áreas como derecho, atención al cliente, medicina, programación y manufactura.

● Su advertencia no implica un rechazo a la tecnología. La Fundación Gates anunció una inversión de $1.000 millones durante dos años para impulsar aplicaciones de inteligencia artificial en salud, educación y agricultura, especialmente en regiones con menos recursos. Este lunes también presentó una coalición destinada a mejorar los sistemas para idiomas actualmente poco representados en los modelos.

● El debate ya excede a Gates y Trump. Referentes de empresas líderes vienen reclamando mecanismos para controlar los sistemas más avanzados, mientras Estados Unidos y China mantienen una competencia tecnológica y comenzaron conversaciones sobre riesgos compartidos. La discusión incluye ciberataques, uso militar, infraestructura crítica y mecanismos para comunicar incidentes graves entre ambas potencias.

● Gates sostiene que la diferencia con otras revoluciones tecnológicas está en la velocidad: tareas que antes cambiaban durante generaciones podrían transformarse en una década. Su planteo coloca el problema más allá de una discusión personal con Trump: mientras la capacidad de los modelos sigue creciendo, gobiernos y empresas discuten cuánto regular, cómo coordinarse y qué riesgos requieren límites comunes.

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