● Una persona puede estar pagando normalmente su préstamo bancario y, aun así, quedar recategorizada por atrasos importantes con otros acreedores. Ese mecanismo, conocido en el sector como “efecto arrastre”, quedó en el centro de una disputa entre bancos y proveedores no financieros mientras la mora de los créditos a las familias continúa en niveles elevados.

● Al cierre de junio, cifras difundidas por el mercado ubicaron la cartera irregular de préstamos a familias en 9,8% para bancos públicos, 14,2% para bancos privados y 34,3% dentro del universo fintech. Como referencia oficial previa, el Banco Central había informado para mayo una mora de 12,8% en las financiaciones a familias del sistema bancario.

● El punto de conflicto está en la clasificación de los deudores. La normativa del Banco Central contempla la recategorización cuando existen diferencias relevantes entre la calificación asignada por una entidad y las registradas por otros acreedores, bajo determinadas condiciones. Así, un atraso fuera del banco puede obligarlo a aumentar previsiones aunque ese crédito particular se esté pagando en término.

● Los bancos que impulsan cambios en esa metodología aseguran que entre el 50% y el 60% de la irregularidad que reportan no se origina en incumplimientos dentro de sus propias carteras. Otra estimación del sector sostiene que, sin el efecto arrastre, la mora bancaria podría ubicarse entre dos y tres puntos porcentuales por debajo de los registros actuales.

● La discusión no tiene una posición única dentro de la banca. Algunas entidades apuntan al crecimiento del crédito otorgado por billeteras, fintech y otros proveedores no financieros; otras consideran que el deterioro responde principalmente al sobreendeudamiento de los hogares y a una menor capacidad para afrontar simultáneamente tarjetas, cuotas y préstamos tomados con distintos acreedores.

● Para el cliente, la consecuencia puede extenderse más allá de la deuda que dejó de pagar. La información crediticia compartida por el sistema puede afectar su clasificación frente a otras entidades y condicionar nuevas financiaciones. El debate abierto ahora es si esa información debe seguir impactando también sobre las previsiones y balances de bancos que cobran normalmente sus propios préstamos.

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