● Todo se descubrió cuando la tía intentó bañar a su sobrina de dos años. Según la denuncia judicial, la niña le pidió que no lo hiciera y que la limpiara despacito porque sentía dolor en sus genitales. Al revisarla, la mujer notó una severa inflamación y la pequeña relató, mediante gestos precisos, las vejaciones que sufría.
● El expediente señala directamente a la actual pareja de la madre de la niña. La víctima, que reside junto a ellos en Vichigasta, reprodujo ante sus familiares los movimientos exactos con los que el acusado vulneraba su integridad física dentro de la vivienda.
● La gravedad del testimonio infantil quedó respaldada por la revisación oficial. El médico forense examinó a la menor y constató signos de traumatismos recientes en sus genitales. Aunque el profesional no detectó desgarros, determinó que el tiempo de curación de las lesiones demandaría tiempo, en esa oportunidad, sujeto a evolución clínica.
● Al horror de los abusos se sumaron pruebas de maltrato constante. La abuela paterna presentó ante la Justicia un disco con videos grabados por una vecina a dos cuadras del polideportivo. En las imágenes se observa a la niña deambulando sola por la calle y siendo obligada por su madre a bañarse a la intemperie con una manguera.
● Frente a la contundencia de las pruebas y la denuncia de la abuela, el juez de instrucción Jorge Jalil ordenó reabrir la investigación penal. En paralelo, el Ministerio Público Fiscal promovió acción penal directa contra el padrastro por el delito de abuso sexual simple en perjuicio de una víctima incapaz de impedir el ataque.
● Con la causa en pleno avance, la fiscalía solicitó medidas probatorias urgentes para resguardar a la menor. Entre las directivas principales, se ordenó tomar declaración testimonial a la abuela y a la tía, mientras que el relato de la pequeña víctima será recibido formalmente mediante el sistema de Cámara Gesell por su corta edad.
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