● El asado, una de las postales más clásicas de la mesa argentina, empezó a perder frecuencia en muchos hogares. El consumo de carne vacuna cayó a 47,5 kilos por habitante al año, el registro más bajo de las últimas dos décadas y una cifra que refleja un cambio fuerte en los hábitos de compra.

● El dato marca una caída importante frente a otros años: hace dos décadas el consumo rondaba los 62 kilos por persona, mientras que en 2008 había alcanzado un pico cercano a 69,4 kilos. En términos simples, hoy cada argentino consume alrededor de 15 kilos menos que hace 20 años.

● El principal factor detrás de esta baja es el precio. La carne vacuna registró subas muy por encima de muchos salarios y jubilaciones, lo que obligó a miles de familias a reducir compras, elegir cortes más baratos o directamente espaciar el consumo para llegar a fin de mes.

● En paralelo, creció el reemplazo por otras proteínas más accesibles. Pollo, cerdo y huevos ganaron terreno porque ofrecen una alternativa más económica. Esto no necesariamente implica que se coma menos proteína, sino que la carne vacuna dejó de ocupar el lugar central que tuvo históricamente.

● También influye la menor oferta local. La producción de carne mostró retrocesos por la baja en la faena y una menor disponibilidad de animales, lo que genera presión sobre los precios. Cuando hay menos carne en el mercado interno, el impacto se siente rápido en mostradores y carnicerías.

● El dato expone algo más profundo que una simple estadística económica: la carne vacuna, símbolo cultural de Argentina, dejó de ser un consumo cotidiano para muchos sectores medios, trabajadores informales y jubilados. En numerosos hogares, el asado semanal pasó a convertirse en una salida cada vez más excepcional.

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