● Este domingo, millones de suizos van a las urnas para decidir algo inédito: si el país debe fijar por Constitución un límite poblacional de 10 millones de habitantes. Si la iniciativa prospera, el Gobierno podría verse obligado a endurecer drásticamente la inmigración e incluso cerrar parte de sus fronteras.

● La propuesta fue impulsada en 2023 por el Partido Popular Suizo, una fuerza de derecha nacional-conservadora que sostiene que el país está llegando a un punto de saturación. Hoy Suiza tiene unos 9,1 millones de habitantes y su población creció cerca de 23% desde comienzos de siglo.

● El plan plantea activar restricciones progresivas. Primero, al llegar a 9,5 millones de residentes, el Estado debería limitar la inmigración laboral, el asilo y la reunificación familiar. Si la población supera los 10 millones, la Constitución obligaría a tomar “todas las medidas disponibles” para revertir esa cifra.

● El punto más explosivo del referéndum está en Europa. Entre esas medidas podría incluirse la suspensión de acuerdos con la Unión Europea sobre libre circulación. Eso impactaría directamente sobre unos 1,5 millones de ciudadanos europeos que hoy viven en territorio suizo y también podría afectar acuerdos comerciales clave.

● Los impulsores del “sí” aseguran que la discusión no pasa solo por inmigración. Argumentan que el crecimiento demográfico presiona sobre la vivienda, encarece los alquileres, satura el transporte y deteriora el entorno natural. Usan una idea simple pero potente: Suiza, por tamaño, no puede seguir creciendo indefinidamente.

● El Gobierno, en cambio, rechaza la propuesta y advierte consecuencias económicas serias. Sectores como salud, construcción, banca, industria farmacéutica y tecnología dependen de trabajadores extranjeros. Además, con una población cada vez más envejecida, menos inmigración también implicaría menos aportantes al sistema previsional.

● Más que una votación migratoria, el referéndum expone una discusión de fondo: hasta dónde un país puede seguir creciendo sin comprometer vivienda, infraestructura y calidad de vida. Si gana el “sí”, Suiza podría convertirse en el primer país del mundo en fijar constitucionalmente un techo poblacional duro.

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