● En un mostrador donde la carne vacuna viene subiendo fuerte, una carnicería de la Patagonia ofreció carne de burro como alternativa, agotó cerca de 500 kilos en dos días y dejó sin stock el producto en pocas horas, con clientes que se acercaron por el precio y la novedad de una opción poco habitual en el consumo local.
● La venta se realizó con un permiso provisorio otorgado a nivel provincial, ya que el consumo de carne de burro no cuenta con una regulación específica a nivel nacional, lo que obligó a encuadrar la experiencia dentro de una autorización excepcional para poder comercializarla de forma legal.
● El dato central es el volumen: los 500 kilos se vendieron en aproximadamente 48 horas, un ritmo que el propio comercio no sostenía con ese producto hasta el momento, lo que marcó una demanda inicial impulsada por el contexto de precios y la curiosidad de los consumidores.
● El contexto es clave: la carne vacuna registró incrementos cercanos al 70 % en el último año según datos difundidos en el sector, lo que empuja a muchos compradores a buscar alternativas más económicas dentro del mercado de proteínas animales.
● En Argentina, la carne equina tiene antecedentes de producción orientada principalmente a la exportación, pero su consumo interno no forma parte de la dieta habitual, y en el caso del burro, la falta de normativa específica vuelve a cada experiencia un caso particular sujeto a controles y permisos locales.
● Tras el rápido agotamiento del producto, la situación actual quedó atada a la continuidad o no de la autorización provincial y a la reposición de stock, en un escenario donde la experiencia funciona como caso puntual dentro de un mercado presionado por el aumento sostenido de la carne vacuna.
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