● En mostradores de carnicerías de barrios y zonas céntricas, los precios de la carne vacuna muestran subas sostenidas que impactan directo en la compra diaria, con cortes tradicionales que quedan fuera del alcance habitual y una consecuencia visible: menos cantidad en las bolsas y cambios en lo que se lleva a la mesa.
● La dinámica del mercado refleja un ajuste simultáneo entre oferta y costos, con menor disponibilidad relativa tras ciclos productivos recientes y aumentos en insumos, transporte y logística, lo que se traduce en valores finales más altos y una recomposición de precios que se traslada directamente al consumidor.
● Ese escenario se refleja en el consumo, que registra una caída sostenida en términos per cápita, con familias que optan por reducir porciones o reemplazar la carne vacuna por alternativas como pollo o cerdo, marcando un cambio concreto en los hábitos alimentarios frente a la presión del gasto cotidiano.
● En paralelo, el circuito exportador muestra mayor actividad, con frigoríficos orientados a mercados externos que canalizan parte de la producción hacia destinos internacionales, donde operan con precios en moneda extranjera y menor dependencia de un consumo interno que hoy aparece retraído.
● El resultado es un desacople visible entre lo que ocurre en el mercado local y el internacional, con carne producida en el país que encuentra mejores condiciones de venta afuera mientras en el circuito interno se ajusta la demanda, generando una tensión persistente entre accesibilidad y rentabilidad.
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