● La escena se repite en carnicerías y hogares: menos kilos en la bolsa y cortes más espaciados en la mesa. En el primer trimestre de 2026, el consumo de carne vacuna cayó 10% interanual, en un contexto donde los precios avanzaron con fuerza y empezaron a marcar un límite claro en el poder de compra de las familias.
● Según el último informe de la CICCRA, entre enero y marzo se consumieron 512,8 mil toneladas de carne vacuna en todo el país. El dato no solo refleja la caída reciente, sino que ubica al consumo en uno de los niveles más bajos de los últimos 20 años, consolidando una tendencia que se arrastra desde períodos anteriores.
● Uno de los factores centrales es la suba de precios en carnicerías, que creció casi el doble que la inflación general en el mismo período. Ese desfasaje empuja a los consumidores a reducir cantidades o reemplazar la carne vacuna por otras opciones más accesibles, modificando hábitos históricos de consumo en el país.
● A la presión de precios se suma una menor disponibilidad de hacienda, lo que reduce la oferta en el mercado. Este escenario impacta directamente en la cadena productiva, desde el productor hasta el mostrador, y limita la capacidad de recuperación rápida del consumo aun en un contexto de estabilidad inflacionaria relativa.
● En paralelo, las plantas frigoríficas registran niveles de actividad bajos en términos históricos. La menor faena y la caída en el consumo interno generan un escenario de menor movimiento en el sector, con capacidad instalada que no logra sostener ritmos habituales de producción.
● El resultado es un cambio visible en la dieta de los hogares: la carne vacuna pierde peso relativo frente a otras proteínas y deja de ocupar el lugar central que históricamente tuvo. El dato no solo refleja una coyuntura económica, sino una transformación más profunda en los patrones de consumo.
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