● El movimiento empezó a verse en los talleres: con cada aumento de la nafta, más conductores consultan y avanzan en la conversión a GNC. En marzo, las instalaciones crecieron un 54%, un salto que refleja una decisión concreta de miles de usuarios que buscan bajar el costo por kilómetro y sostener el uso diario del vehículo.
● El cambio se apoya en una brecha que se amplió en los últimos meses: mientras los combustibles líquidos registran subas frecuentes, el GNC mantiene un costo menor por kilómetro recorrido. Esa diferencia transforma la elección en un cálculo económico directo, especialmente para quienes usan el auto todos los días.
● El perfil de quienes se pasan al gas no es uniforme, pero hay un patrón claro: conductores de uso intensivo, como remises, reparto o viajes por trabajo, encabezan la demanda. También se suman usuarios particulares que, ante la caída del poder adquisitivo, ajustan gastos variables para sostener la movilidad.
● La conversión implica una inversión inicial que, según el tipo de equipo y vehículo, puede ser significativa. Sin embargo, en escenarios de uso intensivo, el recupero se produce en pocos meses. Ese dato es uno de los factores que más pesa en la decisión final de avanzar con la instalación.
● Desde el sector advierten que el incremento de la demanda también impacta en los tiempos de espera en talleres habilitados y en la disponibilidad de turnos. La instalación requiere controles y habilitación correspondiente, además de revisiones periódicas obligatorias para circular.
● El crecimiento de las conversiones no solo refleja una búsqueda de ahorro, sino también un cambio en el comportamiento de los conductores frente al costo de los combustibles. El dato de marzo consolida una tendencia que ya venía en alza y que podría sostenerse si se mantiene la brecha de precios.
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