● La economía muestra dos escenas al mismo tiempo: mientras una parte del consumo se mueve con autos, propiedades y otros bienes durables, las compras de todos los días siguen flojas y el deterioro laboral vuelve a meterse en la conversación pública. Ese cruce entre bolsillo ajustado, empleo débil y demanda desigual empezó a encender una nueva señal de alerta social.

● El punto de apoyo del discurso oficial está en los datos agregados. El INDEC informó que el PIB creció 4,4% en 2025 y que el consumo privado avanzó 7,9% en el año; además, el cuarto trimestre mostró una mejora desestacionalizada frente al período previo. Pero ese rebote no se repartió de la misma manera entre todos los sectores ni entre todos los hogares.

● La diferencia aparece con fuerza cuando se mira qué se compra. Distintos análisis privados marcaron que crecieron los bienes durables y el gasto de los sectores de mayores ingresos, mientras el consumo masivo siguió en retroceso. En febrero, las ventas en supermercados, autoservicios, mayoristas y farmacias mostraron caídas tanto mensuales como interanuales.

● El otro dato que endurece el cuadro está en el mercado laboral. El INDEC informó que la desocupación llegó al 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, por encima del 6,4% del mismo período de 2024. Al mismo tiempo, la actividad mostró mejoras en sectores como agro, energía y finanzas, mientras industria, comercio y construcción, más intensivos en empleo, siguieron con una recuperación más débil.

● Con ese telón de fondo, el mal humor social encuentra un dato concreto: encuestas recientes ubican a los bajos salarios y la falta de trabajo entre las principales preocupaciones. La macro puede mostrar señales de recuperación, pero cuando el empleo no reacciona y el consumo cotidiano sigue en baja, la percepción de mejora pierde fuerza en la vida diaria.

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