● Una presentación judicial describe la historia de una mujer de Famatina que, según denunció, pasó casi 30 años dentro de una relación atravesada por violencia, amenazas y control. Aunque la convivencia terminó hace unos diez meses, ella sostiene que no logró salir del miedo: dice que todavía vive pendiente de dónde aparece su ex pareja y que no puede recuperar una vida tranquila.
● En su relato, la denunciante sostuvo que durante esos años sufrió violencia física, psicológica, verbal y económica. También afirmó que hubo amenazas graves contra ella y parte de su familia, y que esa situación terminó por romper una convivencia que, según describió, ya era imposible de sostener. A partir de esos episodios, en 2025 recurrió a la Justicia y se dictaron medidas de protección.
● Sin embargo, siempre según su exposición, el hostigamiento siguió. La mujer denunció que su ex pareja se acerca a los lugares donde ella trabaja, se queda a pocos metros y la intimida con su presencia. También afirmó que pasa frente a la casa donde vive ahora, después de haber tenido que dejar el domicilio en el que convivieron durante años.
● El cuadro que describió no se agota en el temor. La mujer sostuvo que durante décadas trabajó junto a su ex pareja en la elaboración y venta de productos regionales, y que después de la separación se quedó sin la mayor parte de las herramientas, mercadería, maquinarias, vehículos y otros bienes con los que ambos sostenían esa actividad. Según su denuncia, apenas pudo recuperar una parte mínima para volver a producir.
● También aseguró que arrastra deudas tomadas a su nombre y que hoy no tiene cómo afrontarlas. En su planteo, eso la dejó en un escenario límite: sin casa propia, sin recursos suficientes, con dificultades para sostener su trabajo y sin dinero para pagar un abogado que impulse sus reclamos o revise en profundidad todo lo que quedó pendiente tras la ruptura.
● La denuncia agrega otro dato que ayuda a dimensionar el conflicto: la mujer afirma que también recibió intimaciones vinculadas a bienes y al uso del nombre comercial con el que trabajó durante años. Desde su punto de vista, eso no representa un detalle secundario, sino una nueva forma de presión sobre lo único que todavía intenta conservar para subsistir.
● Todo eso fue puesto en conocimiento de la Justicia de Chilecito junto con documentación presentada por la denunciante. En paralelo, la mujer pidió ser escuchada con urgencia y describió un cuadro de angustia, cansancio y desprotección. Lo que reclama no es solo que se tome nota de su denuncia, sino poder vivir sin miedo, trabajar sin hostigamiento y dejar de sentir que, después de casi toda una vida de esfuerzo, se quedó sin nada.
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