● Los números del mercado laboral encienden todas las alarmas porque la caída no se detiene y golpea donde más duele: el trabajo formal. En octubre se perdieron más de 33.100 puestos registrados, afectando a empleados privados, públicos y hasta a quienes trabajan en casas particulares. Esta cifra es la más preocupante de los últimos meses porque demuestra que la crisis ya no distingue sectores y se está llevando puestos de calidad que difícilmente se recuperen pronto.
● La situación se explica por una combinación letal de consumo frenado y costos que no paran de subir para los pequeños comerciantes. En los últimos cinco meses, la industria y la construcción, que son los grandes motores que dan trabajo a la gente, perdieron 71.000 operarios. A esto se suma el cierre de casi 30 empresas por día, la mayoría Pymes de barrio que bajaron la persiana definitivamente porque no pudieron aguantar el ritmo de la recesión.
● Desde la Secretaría de Trabajo confirmaron que la tendencia negativa se extendió a noviembre, según los primeros indicadores de las encuestas oficiales. «Por cada nuevo monotributista que se anota, se destruyen más de dos empleos asalariados con aportes», explican los analistas sobre este cambio de piel en el mercado. Básicamente, el trabajo seguro con obra social y aguinaldo está siendo reemplazado por la precariedad de la «changa» o el servicio independiente.
● Para el vecino común, esto significa que conseguir un buen laburo hoy es una misión casi imposible y que cuidar el que se tiene es la prioridad absoluta. Desde que arrancó la gestión actual, el sector privado ya tiene 194.200 trabajadores menos, una cifra que asusta y que marca el pulso de una economía que todavía no encuentra el piso. Lo que viene será clave: si el consumo no repunta, el miedo a los despidos seguirá siendo el fantasma que recorra cada fábrica y cada mostrador.
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