● La industria argentina está viviendo un momento dramático: según datos oficiales del INDEC, más del 42% de la maquinaria en las fábricas del país está hoy totalmente paralizada. No es solo un número frío, significa que en noviembre de 2025 casi la mitad del potencial productivo nacional se quedó en silencio, dejando galpones vacíos y una incertidumbre creciente en las familias que viven del trabajo fabril.

● La situación se explica por una mezcla que asfixia a los productores: la gente tiene menos plata en el bolsillo para comprar y, al mismo tiempo, entran productos de afuera que hacen imposible competir. Sectores tradicionales como el textil están en su punto más bajo, operando apenas con tres de cada diez máquinas, lo que marca una distancia enorme frente a los rubros que sí crecen, como el petróleo y la energía.

● «El panorama es desolador porque no vemos que la demanda arranque», explican desde los sectores más golpeados, donde el parate ya se siente en las suspensiones y la falta de horas extras. Mientras las refinerías de combustible trabajan a casi toda marcha, los talleres mecánicos y las fábricas de plástico ven cómo el polvillo se junta sobre herramientas que antes no paraban de girar durante todo el día.

● Lo que sigue es una incógnita que preocupa al trabajador de a pie, porque cuando las máquinas se detienen tanto tiempo, el siguiente paso suele ser el cierre definitivo o el achique de personal. La brecha entre una Argentina que exporta energía y una Argentina que fabrica ropa o repuestos se hace cada vez más grande, poniendo en riesgo el oficio y el sustento de miles de operarios en todo el territorio.

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