“Nos equivocamos, pero vamos a corregir”, arrancó mostrando una falsa humildad Milei. A los cinco minutos recuperó su prepotencia habitual y agregó: “No vamos a cambiar nada, vamos a redoblar y acelerar el rumbo”. La coherencia, bien gracias.

En Buenos Aires perdió por más de un millón de votos. En los pueblos rurales de la provincia más grande del país, el peronismo ganó después de veinte años. En Junín, por segunda vez desde 1973. No es un detalle: la tierra que produce le dio la espalda al que prometía libre mercado y progreso.

El Presidente agradeció a fiscales, habló del inglés Churchill y cerró con “viva la libertad, carajo”. En el medio, confesó que el plan económico sigue igual, aunque haya jubilados que no compran remedios y comercios que cierran, porque las familias ya no dan más.

Los jóvenes, esos que alguna vez lo aplaudieron por TikTok, esta vez no fueron. La abstención creció, el desencanto se volvió viral. Los números lo dicen: el voto joven se desplomó.

Y la gran ironía: un modelo que dice odiar a los bancos termina beneficiando a los bancos pagándoles jugosas tasas de interés. Un gobierno que gritaba contra la casta ahora la multiplica en cargos y privilegios. Mientras tanto, el Ministro de Economía Toto Caputo afirmó: «Nada va a cambiar en lo económico. Ni en lo fiscal, ni en lo monetario» .

Así cerró Milei: perdiendo en las urnas, pero festejando que todavía puede apretar más. Como si el castigo electoral fuera un permiso para ajustar más fuerte.

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