● Cada vez que el viento sopla fuerte o la pintura se descascara, el pueblo siente que algo de su historia también se agrieta. Por eso, en Bajo Carrizal, decidieron poner manos a la obra para recuperar la iglesia del pueblo, un lugar que no solo guarda rezos, sino también recuerdos, abrazos y despedidas.

● La mejora de la fachada principal y los laterales fue posible gracias al trabajo de personas que hoy están en función pública, acompañadas por vecinos que conocen cada rincón de ese templo. No se trató solo de pintura: fue un modo de cuidar lo que representa la fe y la memoria colectiva.

● La iglesia de Bajo Carrizal no es un edificio más. Es parte de lo que une a la comunidad en los días importantes y en los más difíciles. Su refacción no es un detalle estético: es una forma de decir que lo que duele se repara y que lo que importa, se protege.

● Los trabajos fueron coordinados por la Delegación Municipal local, con participación de empleados de planta y de programas de apoyo laboral. El objetivo fue claro: no dejar que lo que identifica a un pueblo se deteriore. La obra ya está terminada y la iglesia volvió a brillar.

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