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Con la pancita llena
Indiferentes para los funcionarios, llevan demasiados días sólo con la ingesta de líquidos. Abandonaron sus hogares y familias para residir en una carpa y dormir entre un banco de madera y una silla de plástico. Pese a que sus cuerpos sufren ya notables secuelas de la huelga de hambre, defienden sus derechos. Advierten comenzar una huelga seca y se arriesgan a todo. Aseguran que Rodrigo “se lleva por delante a todo el mundo, hace lo que quiere. Soberbio. Perverso. Autoritario. Sinvergüenza. Le cortaríamos las manos y la lengua”. Saben que quizás deban festejar Navidad en la carpa, pero ello no los detiene. “Que devuelvan lo robado”, es el mensaje dirigido a los funcionarios responsables. Una revocatoria popular, la amenaza. La voluntad del pueblo, será quien decida.

Casi tres horas causaron impotencia, incomodidad, fatiga, angustia y hasta cansancio. Fueron casi tres horas que el equipo periodístico de Diario Chilecito permaneció en la carpa de ATE junto a los tres empleados municipales en huelga de hambre y pudo vivir por un corto lapso, lo que estos trabajadores padecen desde hace doce días.
Sólo con el consumo de líquidos, el rostro de los manifestantes refleja la impotencia y el agotamiento por la falta de respuestas de las autoridades. Demacrados, pálidos, con su mirada melancólica y hasta triste. Son los tres huelguistas que abandonaron a sus familias por una causa justa: la defensa de sus derechos. Porque pese a estar debilitados físicamente, su fortaleza aún prevalece. Está latente y son capaces de llegar “hasta las últimas consecuencias”, por sus creencias y principios.
Porque a pesar de los visibles estragos que les ocasiona la huelga de hambre, ellos luchan contra el despotismo y la indiferencia de las autoridades. Las mismas que los llevaron a tomar tal determinación.
Decidieron no ingerir alimentos sólidos para ser escuchados. Quieren que les devuelvan el dinero que les fue robado. Soportan la indiferencia de la población y hasta de la iglesia. Sólo rezan y esperan.
“Nos confiscaron el sueldo entero a 300 trabajadores por un mes de paro que hicimos. Fatalmente nos han descontado el sueldo íntegro a los trabajadores por más que el paro haya sido legal, porque lo reconoció el intendente quien lamentablemente, tuvo un lavado de cabeza de La Rioja”.
“La huelga de hambre va a seguir hasta que devuelvan lo que fue robado”, es su insistencia y se preocupan por el hambre de sus hijos. También deben lidiar con dichos como “los asados a dos manos que comemos a las 4 de la mañana en la carpa”.
“Estupideces”, es la denominación que utilizan los manifestantes y Diario Chilecito lo comprobó, porque basta sólo con observar las secuelas que la huelga dejó en sus cuerpos. Es fácil opinar sin observar ni estar en ese lugar.
Pero pese a efímeras afirmaciones como el asado de madrugada, son estas personas las que aseguran que de una u otra manera, las autoridades tienen que devolver los salarios, aunque pongan en riesgo su salud, aunque hayan dejado el calor de su hogar y la compañía de su familia. Defienden su postura hasta lo último, quizás hasta una huelga seca y se arriesgan demasiado.
“Vamos a seguir hasta donde sea, porque violaron todo. Que devuelvan la plata robada. Quieren que la gente tenga miedo; lo están logrando. Con este gobierno perverso que tenemos, con una municipalidad gobernada por cualquiera menos por quien votamos, con un Intendente que hace una recategorización del aire, trucha y no respeta la de la tripartita. Vamos a pelear, porque mucho se consiguió a través de la lucha y no del diálogo. Estamos entregados hasta la muerte, porque tenemos hijos que alimentar”.
“Una mente brillante…”
Lo afirman los huelguistas, los que insisten que es “el Secretario de Hacienda quien se puso a la cabeza del municipio, mientras Fonzalida es menos que un cadete de Hacienda, porque sólo se mantiene al lado del soldado”. Porque repiten que cuando Fonzalida viajó, Brizuela y Doria “reprimió. Y ganó puntos, quedó al frente de la intendencia, pero sin el voto de la gente”. Y son ellos, los que advierten que “¡tendrán que irse todos, porque ninguno sirve para nada!”.
Como también lo son, quienes nuevamente reconocen que “Chilecito no tiene un intendente, sino varios "Intendentitos provisorios", porque Fonzalida no lo es. Y ni hablar del vice, porque no existe. Tiene una calidad para pasar desapercibido y eso es terrible”.
Y continúan aseverando que sólo en una mente perversa, puede caber descontar todo el sueldo, pero también saben que “Rodrigo no va a estar toda la vida, en algún momento será un ciudadano común que sembró mucho odio y si tiene alguna pretensión, la sociedad debe estar alerta”.
Afirman y reafirman que el Intendente ya no es Fonzalida. “Es él, el señor de dos apellidos es quien gobierna. Fonzalida cayó. Porque mientras la tripartita, trabajó dos o tres años estudiando la recategorización, el superdotado de Brizuela y Doria la hizo en dos días. Una mente brillante, una inteligencia perversa que nadie se la esperaba”. Así denominan a este funcionario, agregando que “se esconde detrás de la fuerza policial y tiene guardaespaldas, porque de lo contrario se lo comen vivo. Y pensar que antes regalaba empandas, pero en algún momento llegaremos a su domicilio y vamos a ver si regala empanadas como en Sañogasta. Vamos a ver si se atreve”.
El juego perverso de esta recategorización
Pero el juego continúa. Y mientras transcurren los días y su cuerpo poco a poco intenta acostumbrarse a subsistir sin alimento, los huelguistas caratulan el anuncio de la recategorización como “un juego perverso, terrible; anunciado con bombos y platillos”. Y su preocupación no desaparece. ¿Cómo se hace para vivir cuando falta el alimento para sus hijos, cuando desde tan pequeños los deben enviar a hacer changas, hacerse fanáticos del yerbeado y hasta pensar sólo en la posibilidad de brindarles un guiso en la casa de algún vecino?.
Esta es su realidad. La de 300 trabajadores que solicitaron la colaboración de sus familiares para alimentar a sus hijos, porque las mismas autoridades que afirman “está todo normal”, no tuvieron piedad a la hora de descontar salarios. Y como si ello no fuera suficiente, la indiferencia también está a la orden del día. “La iglesia y los médicos ni siquiera se arrimaron. Llamaron al cura para un rezo, pero no vino. Estamos solos, incluso Domingo Bordón de Derechos Humanos, pasó y ni miró. Hizo de cuenta que no vio nada”.
Así, este juego perverso tal cual denominaron los huelguistas a la recategorización, traspasó los límites de la lucha entre la patronal y un gremio. Porque esta pelea por su kiosco, concatenó en la existencia de mas intendentes que habitantes.
“Concejales convertidos en intendentes, peleados entre ellos para correr a Fonzalida. Tienen plata y aquí, falta el pan en la mesa. No los pueden seguir votando, ahora si nos gusta que nos pisen la cabeza, si”.
Este es el panorama político, visto desde la perspectiva de los huelguistas, quienes reiteran que los sueldos no alcanzan y postulan mejoras salariales para optimizar la cadena de trabajo, de lo contrario la cadena de hambre se acrecentará “y no quedará más remedio que saquear”. Porque sus hijos tienen hambre, aunque aún confían que algo tiene que pasar, porque tienen “la esperanza de que la población reaccione, que no se quede en sus hogares, que salgan a las calles, porque no sirve derramar lágrimas, hay que pelear y para pelear no hay dolor ni enfermedad”.
Lo dicen ellos, municipales que aguantan ya doce días sin comer, pero no conciben la idea de ver a sus hijos con hambre; que observan la indiferencia de sus propios compañeros de la municipalidad y de la sociedad toda; aquellos que conocen sus derechos y no los defienden. Que aseguran les cortarían las manos a los funcionarios para evitar que roben; los que reclaman al Intendente su rol como tal; los que deben aguantar que los ignoren, cuando la falta de comida es demasiado notable en sus físicos.
Los que soportan la mirada esquiva de los funcionarios que prefieren observar una pared antes que a ellos. Son los que necesitados de la palabra de Dios, deben rezar en la soledad de su carpa y no son acompañados por la autoridad eclesiástica. Los que sólo ingieren líquidos y el único aporte calórico lo constituye el caldo de una mezcla de verduras y carne. Aunque están conscientes y saben que cada día su cuerpo se debilita mas; el hambre de sus familias los moviliza y no retroceden a la hora de asegurar que continuarán hasta lo último. “Que devuelvan lo robado”, es el mensaje dirigido a las autoridades. “Una revocatoria popular”, la amenaza.
Ya no se trata de un simple reclamo, trascendió los límites del mismo. Es una lucha social en defensa de sus derechos y aunque pasan desapercibidos por los funcionarios, la huelga está y los huelguistas también. Aunque lo que más les duela sea “la manipulación de Brizuela y Doria, de los chanchos que de día pelean pero de noche duermen juntos”, son optimistas. Demandan un cambio en el gabinete de Fonzalida, porque “de lo contrario puede haber un estallido social y saqueo por la falta de alimentación” de sus hijos “y por la desesperación de no tener un plato de comida”, se lo comerían vivo a Brizuela y Doria. “¿Por qué se encierra dentro de la jaula y no quiere salir? Porque estamos desesperados y no tenemos cómo darles de comer a nuestros hijos y si dejamos pasar esta, ellos van a hacer lo que quieran. Ahora el juego se trasformó. A nadie le gusta hacer esto, pero el gobierno nos obliga. Beder se hizo un bypass gástrico y nos lo hizo a nosotros también. ¿Qué quiere? ¿Tener en línea a un chico de tres o cinco años? Eso es lo perverso. No les interesa. Atropellan, avasallan, nos van a matar y la sociedad nos va a ver morir y van a estar con las manos en los bolsillos. Este gobierno perverso nos va a ver morir acá y no se le va a mover ni un pelo. ¿Qué somos? Porque está visto que para la sociedad significamos poco. Estamos secándonos. ¿Qué somos para la iglesia? Nada, ni ovejas descarriadas, ni diablos. ¿Qué somos para los derechos humanos, para los concejales? Nada. Somos votos, no somos personas”.
Huelguistas: Débiles pero sólo físicamente, aseveran no levantar la huelga sólo por un capricho de Fonzalida e incluso advierten continuarla en los domicilios de los funcionarios. Porque este gobierno va taladrando para que tengan miedo. Ese es su objetivo, “el miedo para una fácil manipulación. Represor, ajustador”. El sacerdote no los visita ni por ordenanza, Derechos Humanos cruza de vereda y Brizuela y Doria, “ve este letargo y se lleva por delante a todo el mundo. Hace lo que quiere. Soberbio. Perverso. Autoritario. Sinvergüenza. Le cortaríamos las manos y la lengua”.
Pero es la voluntad del pueblo quien decide. “Consulta popular y si desean ser candidatos, es porque nos encanta que nos pisen la cabeza. Hay que luchar unidos, de frente, tranquilos”.
Diario Chilecito tuvo la oportunidad de compartir casi 3 horas con los huelguistas y conocer en detalle, cómo viven estos días sin comer. Sus familias los apoyan, les dan fuerza, entre ellos se contienen, pero están decididos a no aflojar. Seguirán remando, con el estómago vacío y el cuerpo débil; pero fuertes de convicciones y de principios.
Defienden sus derechos y lo hacen en pleno centro de la ciudad. En sus hogares, esposas cumpliendo el rol de madres y padres, tratando de explicar a sus hijos por qué su padre no está, por qué no come. Hasta tienen ganas de decirles ¡basta!, pero entienden que es su lucha y los apoyan. Sus hijos también los entienden.
Dialogamos tendidamente con los huelguistas, los acompañamos y vivimos por un momento lo que ellos viven desde hace doce días. También pudimos conocer a Victoria, una nena de sólo cinco años, quien diariamente visita a su padre en huelga de hambre. Sólo pocas palabras le bastan para describir la lucha de estos tres trabajadores. Las mismas palabras que conmovieron a todos los presentes en la carpa de ATE, en una noche fresca, pero colmada de solidaridad y compañerismo: “Mi papá es muy bueno pero tiene que pelear y yo quisiera también pelear con él. Mi papá no come nada de lo que le doy, no lo puede recibir porque está haciendo eso. Toma sopita y jugo y nada más. Con mi mamá somos felices pero no es lo mismo si mi papá no está. Me encanta verlo pero no puede salir de acá. Espero que termine rápido para que se vaya a mi casa”.
