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Una pregunta inevitable

¿Cómo harían nuestros hijos si uno de nosotros se va?

Hoy desperté pensando en una conversación que tuve durante la madrugada con mi esposa. Se durmió con un temor que le ocupaba su garganta: ¿Cómo harían nuestros hijos si uno de nosotros se va?

Mientras su preocupación avanzaba, yo le contaba que es un planteo que también me había hecho, puesto que vi situaciones así, que me estrujaban el corazón.

Hijos que ven partir a sus padres, interrumpiendo la vida de familias enteras.

Es una cuestión natural. Algo así como el instinto mismo. Los necesitamos como los pequeños árboles necesitan un tutor.

Si están, la vida no es tan complicada, porque ellos tienen respuestas para todo.

Ella tiene la voz capaz de calmar cualquier tempestad. Y él, la mirada que te anima a todo, porque sabés que sus manos firmes te sostendrán.

Creo que la relación de los hijos con sus madres y padres, es el vínculo de amor más grande que Dios pudo crear.

Y aunque la interrupción de cualquier vida es inevitable, porque es algo que nosotros no controlamos, anoche nos dormimos pidiendo a nuestro Padre, que nos dé la oportunidad de acompañar a nuestros hijos en su crecimiento y aprendizaje.

Si pudiera elegir, sin dudas elegiría jamás hacerlos pasar por un dolor así. Pero es algo que nosotros no podemos elegir.

Dios, en su enorme sabiduría sabe por qué permite ciertas cosas. Pero, ¿cuál es la edad en que un niño está preparado o maduro para poder sobrevivir sin sus padres?

No encuentro respuesta. No la tengo. No la concibo. Y si bien suena hasta incomprensible mi planteo, lo hago y lo refuerzo en ver el dolor que atraviesan dos hijas adolescentes que acaba de dejar un amigo.

Su esposa no encuentra consuelo, ni camino para poder seguir adelante. Hay un dolor que brota sin medida de sus corazones, que según ellas mismas dicen, suenan con latidos vacíos.

Pero, ¿qué explicación puedo pedirle a Dios, si aunque me responda, en mi limitada mente jamás podría entender la suya?

Ayer hablaba con unos amigos acerca de las peticiones que me animo a hacer. Y entendiendo los códigos con los que se maneja la vida, sólo me animo a pedir sabiduría y fortaleza. Fuerza para poder afrontar lo que el camino de esta vida me proponga, porque no podré evitar algunas situaciones. Estarán, y las deberé superar.

Anoche me dormí hablando con mi esposa sobre este tema, y le confesé que en mi debilidad le hice un pedido a nuestro Padre, y fue que no nos lleve a ninguno de los dos hasta que nuestros hijos tengan la madurez y la fortaleza para soportarlo. ¿Pedí demasiado? ¿Fui irrespetuoso en mi petición?

"Fortaleza para soportar". Con esa sola garantía, me sentiría en paz. Porque sentiría que si alguno de los dos debe irse, nuestros hijos ya tendrían la fortaleza y la sabiduría necesaria para poder soportarlo y continuar.

Y aunque mientras leas esto podés plantearte, ¿por qué pensar en estas cosas?. ¿Por qué hablarlas? Por el simple hecho de que son naturales, reales y tangibles. Así como venimos, algún día nos vamos. Y así como nos preparamos para el futuro profesional o laboral, también debemos prepararnos para VIVIR, con todo lo que implica la vida.

Dios nos hizo con capacidades enormes de resiliencia. Y si permite que uno de nosotros pierda a alguien que nos sostiene y nos enseña, Él tiene y conoce los motivos, y sin dudas tenemos las herramientas para soportarlo.

Está en nosotros los adultos trabajar todos los días, proveyendo herramientas a nuestros hijos para el desarrollo de sus corazones. Para su independencia como seres humanos. Ojalá sepamos hacerlo, para que obtengan el escudo de nuestras enseñanzas para la vida que les espera por delante.

Nuestro paso es cortito. Llegamos, nos los "regalan" y... naturalmente, un día nos vamos.

Invertir nuestro tiempo aprendiendo junto a ellos y enseñándoles lo aprendido, será nuestro mayor logro. Ojalá estemos a la altura de las circunstancias.

Como siempre sucede cuando busco respuestas, encontré dos de tantas, en el libro más leído:

"Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él".
Proverbios 22:6

"Un don de nuestro Padre son los hijos, y recompensa es el fruto del vientre”.
Salmo 127:3

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  • Publicado por José Luis Campillay (Diario Chilecito) el Saturday 27 de October de 2018 a las 20:55 Hs.
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