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Cuestionamientos recurrentes

Estar enojado con Dios

Tengo un amigo que no la está pasando bien. Desde que lo conozco, siempre fue una persona de Fe, pero hoy recibe duros golpes y se la está cuestionando.

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Cuando uno ama, quiere regalar palabras de aliento que ayuden, pero... ¿cómo?. ¿Qué decir para ayudar, para aliviar?

Tengo un par libros que pueden ayudar. También he leído muchos versículos del libro más leído, pero aún así, cuando alguien está enojado, se cierra a escuchar y a recibir.

Me puse a pensar si yo me ofendería con mis hijitos, si ellos se enojan conmigo, por alguna decisión que tomo, donde se vean involucrados.

Y la respuesta es no. No puedo enojarme con la inocencia de mis hijos.

Comprendo que quizás ellos hoy no lo entienden, pero cuando alcancen la madurez necesaria, van a entenderme.

Los Cristianos basamos nuestras vidas en la Fe que decimos sentir.

Cuando escucho rezar el Padre Nuestro en las Iglesias, escucho con la seguridad que pronunciamos la parte: "Hágase Tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo".

Cuando nos invitan a algún lugar y deseamos ir, respondemos: "Si Dios quiere".

¿Es mera costumbre, o sinceramente creemos y aceptamos que Dios está por encima de nosotros?

Es inimaginable para un ser humano, agradecer una desgracia. De hecho, considero que le tenemos pavor, y por eso es que en nuestras plegarias siempre están presentes las peticiones sobre escapar de situaciones de dolor.

Pero, ¿por qué deberíamos tener vidas sin dolor, perfectas? ¿Por el simple hecho de considerarnos buenas personas?

"¿Por qué me sucedió tal o cual cosa, siendo que soy un buen hijo, hermano, amigo, padre...? Etc".

Es un pensamiento recurrente en miles de nosotros.

A veces creemos que lo malo no debería siquiera rozarnos. Y creo que es ahí en donde estamos confundidos.

¿Por qué no deberían pasarnos cosas malas?

¿Acaso no está compuesta de situaciones buenas y malas la vida?

Si lo pensamos bien, cuando nacemos, la vida se para enfrente nuestro y nos regala una sola garantía: un día, la vida se nos va a acabar.

Y para que la vida se acabe, es necesaria la muerte. Y la muerte no es cosa "buena". Tampoco llega de la mano de un momento feliz.

Normalmente uno muere tras una tragedia, una enfermedad, o porque nuestro cuerpo dejó de funcionar. En cualquier caso, es algo malo. No sucedió nada bueno para que eso suceda, según nuestro entendimiento.

Pero. ¿De qué otra manera deberían ser las cosas? ¿Cómo se hace para que la vida se acabe, si no es a través de algo "malo", para nosotros o los que quedan?.

Y si vamos más allá -y siempre apoyándome en mi Fe, que es la que me motiva a vivir cada día-, el Hijo del mismo Dios un día tuvo que sufrir y también morir.

Entonces, surgen más cuestionamientos que van de la mano de la "lógica y la razón" que sólo provee la Fe: Si Dios permitió que su propio Hijo muera, tras tan magno sufrimiento, por qué razón debería evitar mi sufrimiento?

¿Cuál es mi especie de corona que me convierte en especial?

¿No soy también un ser humano que vive según las reglas y normas de la vida de los seres humanos?

Nacemos frágiles. Nuestra vida depende de miles de factores.

Agradecemos los momentos hermosos. Los felices. Levantamos nuestras cabezas. Y volvemos a agradecer todo lo que tenemos, porque lo tenemos.

Pero, cuando algo de eso se acaba, por simple Ley de la vida que aceptamos vivir, desde que tenemos uso de razón... ¿Por qué cuestionarlo? ¿Por qué enojarnos?

¿Acaso alguien nos mintió de que en esta vida que vivimos seríamos inmunes e inmortales?

Como siempre digo cada vez que escribo, jamás busco crear discordia. Simplemente busco reflexionar. Y mientras lo hago, escribo.

Quizás también, buscando aceptar lo que me toca vivir, cada vez que me pregunto por qué tuve que conocer mi dolor.

Espero que quien haya leído lo que mi alma acaba de escribir, no busque explicaciones.

Gracias a Dios hemos nacido. Y hemos logrado conocer todo lo que nuestro corazón llegó a amar, de tal manera que hoy nos duele "perder".

Una vez leí: "El que nace una vez, muere dos veces. El que nace dos veces, sólo muere una".

Al fin y al cabo, el entendimiento llega, el día que volvemos a NACER, y esa vez, para no morir más.

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  • Publicado por José Luis Campillay (Diario Chilecito) el Wednesday 23 de May de 2018 a las 07:34 Hs.
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