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Viralización en redes sociales: ¿Hasta dónde somos capaces de llegar?

¿Por qué no compartimos que estamos enfermando como sociedad?

Esta semana vimos, cómo todas las cosas buenas que nos hacen ser humanos, comienzan a extinguirse. Lo confirmamos a diario, cuando actuamos en consecuencia. El uso de las redes sociales es cada vez más desmedido y permitimos que fagociten nuestra esencia. La entregamos a cambio de un “Me gusta”. ¿Hasta dónde somos capaces de llegar?

Millones de celulares en el país fueron herramientas de viralización de fotos del cuerpo hallado en el Río Chubut. Fotografías que se le adjudicaban al hallazgo del cuerpo sin vida de Santiago Maldonado. Un joven muchacho que al igual que vos, tiene una familia.

Desde su desaparición, gran parte del poder político y comunicacional del país utilizó su figura, para algún rédito.

Hoy, cuando vimos las crudas imágenes que llegaron a los celulares de nuestra redacción, quisimos parar el tiempo y repensar:

Las crueles fotografías del cuerpo quemado de la olteña Romina Ríos. Las de la modelo Jazmín de Grazia en su bañadera. El cuerpo de Candela en el contenedor de basura.

¿Qué pasaría si las imágenes que llegaban a nuestros celulares eran las de uno de nuestros hijos?

¿Las habríamos compartido?

¿Qué pasaría si Santiago Maldonado fuera miembro de nuestra familia? ¿Haríamos los mismos comentarios que hicimos y hacemos?

¿En qué nos estamos convirtiendo?


Diario Chilecito en esta edición, no busca crear polémica. Sólo que repensemos nuestra participación como miembros de esta sociedad. De hecho, nos hemos equivocado incontables veces.

Ningún ser vivo se merece tanta inhumanidad, tanto destrato. No lo merecemos. No lo merecés. Él, no lo merece.

Ojalá el botón “compartir” de las redes y los celulares, tuviese un segundo botón que nos pregunte si estamos seguros…

Ojalá reflexionemos sobre el mal que nos estamos haciendo. A nosotros, a nuestros hijos y a las futuras generaciones.

Estamos destruyendo nuestra esencia de empatía. De poder compartir el dolor del otro. Los sentimientos que nos hacen humanos, comienzan a apagarse cuando entramos en esa vorágine virtual donde nada nos importa, porque “nadie nos ve”.

“Estaba desesperado porque veía que nada cambiaba. Cambié yo, y todo cambió”.

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  • Publicado por José Luis Campillay (Diario Chilecito) el Thursday 19 de October de 2017 a las 16:15 Hs.
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